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RUBÉN MARTÍN DE LUCAS | Catálogo Lost Light.

“Preguntarse es uno de los ejercicios más sanos del mundo. Y a menudo más importante que las propias respuestas es hacerse las preguntas correctas. Uno de los mejores libros sobre arte es “Escritos” de Eduardo Chillida. Y no porque esté lleno de respuestas. Sino porque está lleno de preguntas.

“Para la mayor parte de los hombres saber hacer algo es una maravilla…Sin embargo, creo que a poetas y artistas les nace muerto todo aquello que saben hacer…” 

“¿No se tratará de conocer lo que se desconoce? ¿No será el arte una necesidad hermosa y difícil, que nos conduce a tratar de hacer lo que no sabemos hacer?…” 

“Trabajo para saber, valoro más el conocer que el conocimiento. Creo que debo aventurarme en lo que no sé hacer…” 

Frases que resumen la esencia del artista. La evolución como fruto de un cuestionamiento continuo. El alma inquieta que empuja siempre hacia adelante, anhelando más la experimentación que la experiencia, anhelando más el conocer, como decía Chillida, que el propio conocimiento.

Así, Lost Light, es el fruto del cuestionamiento de Daniel Franca ante un nuevo escenario y situación vital, al ser becado y casi literalmente teletransportado a “Seven Degrees”, en Laguna Beach, California. Es el producto de la curiosidad. Resultado de un alma sensible que sigue mirando con ojos nuevos y se cuestiona:  ¿Qué es Laguna Beach? ¿Qué historias encierran este lugar, estas casas? ¿Quién las habitó?.

De la consiguiente investigación surge un hallazgo revelador: un libro en la Biblioteca de Laguna Beach. Una compilación de pequeños “reviews” arquitectónicos de las construcciones del lugar con anotaciones sobre las mismas y que actúa como detonante de la serie pictórica. Algo que ayuda a aumentar la magia es el descubrimiento de que muchas de esas “cottages” fueran construidas por los propios inquilinos. Convirtiéndose la arquitectura en una manifestación directa del carácter de quién luego las habitó.

Así Daniel Franca va compilando información sobre todas esas construcciones. Casas abandonadas, casas que cambiaron de dueño, casas que fueron destruidas. Multitud de crónicas entretejidas y la especial atracción que siente el artista por los espacios que una vez albergaron vida.

“154 Thalia” “The Sun Trap” “451 Hawthorne” son viviendas que ya no existen “1478 Glenneyre” y “The Deck” son la mezcla de la casa que fue y la casa que es hoy. Todas se ganaron su puesto. Todas tienen esa dignidad atemporal, ese aura de misterio que las hace especiales, cúmulo de mil historias que sucedieron allí y que jamás conoceremos. La luz se ha ido. Y esa atmósfera cargada, eléctrica y potente envuelve las casas como si una tempestad de arena las estuviera azotando. Daniel Franca ha conseguido encerrar el tiempo.”